jueves, 1 de noviembre de 2007

Literatura y fútbol

Para los amantes del fútbol y la buena literatura les quería recomendar Cuentos de fútbol argentino (Alfagura, 2003), una antología de relatos compilada por Roberto Fontanarrosa. Entre los autores seleccionados están Bioy Casares, Borges, José Pablo Feinmann, Osvaldo Soriano, Rodrigo Fresán y el propio Negro.
De este libro les transcribo unas líneas pertenecientes a un relato de Alejandro Dolina que me pareció bárbaro. En realidad, es un extracto de su libro Crónicas del Ángel Gris en el que aporta algunas observaciones deliciosas, especialmente para aquellos que vivimos algo de potrero.


Apuntes del fútbol en Flores

(...) El célebre puntero Héctor Ferrarotti llevó durante muchos años un cuaderno de anotaciones en el que, además de datos estadísticos, hay noticias muy curiosas que vale la pena conocer. (...)
  • En un potrero en Palermo, había oculta entre los yuyos una canilla petisa que malograba a los delanteros veloces.
  • En un lugar preciso de la cancha de Piraña acecha el demonio. A veces los jugadores pisan el sector infernal, adquieren habilidades secretas, convierten muchos goles, triunfan en Italia, se entregan al lujo y se destruyen. Otras veces los jugadores pisan al revés y se entorpecen, juegan mal, son excluidos del equipo, abandonan el deporte, se entregan al vicio y se destruyen. Hay quienes no pisan jamás el coto del diablo y prosiguen oscuramente sus vidas, padecen desengaños, pierden la fe y se destruyen. Conviene no jugar en la cancha de Piraña. (...)
El tipo que pasaba por ahí

Suele ocurrir en los equipos de barrio que a la hora de comenzar el partido faltan uno o dos jugadores. Casi siempre se recurre a oscuros sujetos que nunca faltan en la vecindad de los potreros. El destino de estos individuos no es envidiable. Deben jugar en puestos ruines, nadie les pasa la pelota y soportan remoquetes de ocasión, como Gordito, Pelado o Celeste, en alusión al color de su camiseta. Si repentinamente llega el jugador que faltaba, se lo reemplaza sin ninguna explicación y ya nadie se acuerda de su existencia.

Pero una tarde, en Villa del Parque, los muchachos del Ciclón de Jonte completaron su formación con uno de estos peregrinos anónimos. Y sucedió que el hombre era un genio. Jugaba y hacía jugar. Convirtió seis goles y realizó hazañas inolvidables. Nunca nadie jugó así. Al terminar el partido se fue en silencio, tal vez en procura de otros desafíos ajenos.

Cuando lo buscaron para felicitarlo, ya no estaba. Preguntaron por él a los lugareños, pero nadie lo conocía. Jamás volvieron a verlo.

Algunos muchachos del Ciclón de Jonte dicen que era un profesional de primera división, pero nadie se contenta con este juicio. La mayoría ha preferido sospechar que era un ángel que les hizo una gauchada. Desde aquella tarde, todos tratan con más cariño a los comedidos que juegan de relleno.

1 comentario:

Volumen de Juego dijo...

Recomiendo leer a Sacheri si de fútbol y literatura se trata.
Empezar por "Esperándolo a Tito y otros cuentos de fútbol" y no dejar de leer "Lo raro empezó después, cuentos de fútbol y otros relatos". En realidad sus 4 libros son excelentes pero siempre hay alguno que tira un poquito más...

Un abrazo (de gol)