jueves, 25 de septiembre de 2008

No te metas con Zohan


Título original: You don't mess with the Zohan (USA, 2008) / Dirección: Dennis Dugan / Elenco: Adam Sandler, John Turturro, Emmanuelle Chriqui, Nick Swardson, Lainie Kazan, Rob Schneider / Duración: 112 minutos

Antes de empezar esta crítica quiero confesar que Adam Sandler nunca me gustó demasiado. Sencillamente, el tipo no me causa mucha gracia. Hasta ha llegado a irritarme en más de una película. En pocas palabras, siempre me pareció un salame. Pero así sucede con los comediantes. Los amás o los odiás. Sin embargo, a pesar de mis reparos hacia este individuo, debo admitir que No te metas con el Zohan, que está lejos de ser una gran película, me reconcilió un poco con este egresado de Saturday Night Live.
Zohan es un agente del gobierno israelí que es una especie de celebridad en su país. Desde el comienzo del film se nos presenta casi como un súper héroe, capaz de hazañas físicas increíbles que van desde saltar del techo de un edificio hasta atrapar un pescado con su trasero. Pero también se nos muestra su deseo secreto: convertirse en peluquero y dejar a todo el mundo con el pelo sedosamente suave. Por eso, cuando es convocado por el gobierno para atrapar una vez más al terrorista palestino Fantasma (John Turturro), Zohan decide que es momento de cambiar. Cansado de la violencia y de la lucha que parecen no tener fin, aprovecha la misión para simular su muerte y escaparse a los EEUU en pos de alcanzar su sueño.


Una vez en EEUU, Zohan comienza a trabajar en una peluquería de una chica palestina, y pronto se convierte en una verdadera sensación entre la clientela femenina. Pero no sólo por sus dotes como peluquero, sino por sus dimensiones como amante. Digamos que el tipo atiende a las mujeres en doble turno... Una mezcla entre Roberto Giordano y Rocco Siffredi. Eso sí, sus clientas son exclusivamente mujeres de 60 años para arriba. Pero la filosofía masculina de Zohan es que no hay que despreciar a ninguna mujer... Con su repentino éxito, todo parece marchar bien pare él. Incluso parece conocer, finalmente, las mieles del amor. Pero, como era de esperar, no le será tan fácil escapar de su pasado.
Debo decir que la película no arranca bien. Sus primeros 10 minutos son un compendio del humor más básico imaginable. Una seguidilla de gags de un nivel preadolescente que me hicieron presentir dos horas de tortura neuronal. Por suerte, el film luego abandona un poco este estilo (si bien habrá varios chistes tontos, en especial visuales, a lo largo de la película) para dar lugar a un humor más crudo y vulgar. No sólo la película es muy guarra desde lo sexual, sino que tiene muchos chistes relacionados a la temática palestino-israelí. Eso sí, los personajes son terriblemente estereotipados, en especial los árabes. Y si bien la película juega mucho (deliberadamente) con estos lugares comunes, estará en cada espectador el aceptar la simplificación de una temática tan compleja. Otro punto que nos puede resultar bastante chocante es la visión tan yanqui de todo. Estados Unidos es la tierra de los sueños, en la cual las personas se refugian para empezar de cero y donde logran transformarse en seres más buenos. Pero, como dije, esta es una comedia de trazo grueso, cuyo objetivo principal no es analizar en profundidad estos temas, sino valerse de ellos para armar una historia cómica. Además, algo de crítica tiene la peli: el verdadero villano de la historia termina siendo un yanqui.


Hay dos cosas de Sandler que habitualmente me molestan. Por un lado, su humor muy simple. La suya es siempre una perspectiva adolescente de la vida, y desde allí crea sus personajes y aborda sus historias. Sería el camino inverso al de Will Ferrel, quien suele terminar en el chiste tonto pero lo construye a partir de una mirada más crítica y analítica. Lo otro que me perturba de Sandler es la moralina y el sentimentalismo que afloran en todas sus comedias (Click, Locos de ira, Un papá genial, etc.). Y Zohan posee su cuota de moraleja políticamente correcta en favor de la paz. Pero cuando finalmente se produce el inevitable momento “sensiblero”, éste está matizado dentro de una situación bastante delirante. O sea, no jode tanto. Sandler, co-autor del guión, tuvo la inteligencia de convocar al omnipresente Judd Apatow para que colabore en la historia, lo cual debe haber ayudado bastante.
En cuanto a las actuaciones, Sandler está más gracioso y, sorprendentemente, medido que de costumbre (dentro de los límites de un personaje que es exagerado de por sí). Turturro (quien debe ser amigo porque actúa en muchas pelis de Sandler) hace de taquito su papel de terrorista exacerbado. Y, para mí sorpresa, quiero destacar también a Rob Schneider (habitual protegido de Sandler), quien está muy cómico y bien caracterizado como un taxista palestino que tendrá un importante rol en la historia.
En fin, como dejé en claro, se trata de una comedia que dependerá de distintos factores para poder ser disfrutada. Será una cuestión de gustos, sin duda. Haciendo caso a lo que yo mismo planteé recientemente, traté de enganchar la onda de la peli desde un principio. Y logré hacerlo. Ojo, la película es lo que es. No esperen sofisticación ni busquen segundas lecturas. Así que véanla con las precauciones del caso. No creo que pase a engrosar mi videoteca, pero me entretuvo bastante.

domingo, 21 de septiembre de 2008

Escenas memorables: Apocalypse Now (1979)

Francis Ford Coppola cerró la década del '70 de manera brillante con este clásico basado en la novela Heart of darkness, de Joseph Conrad. El film cuenta la misión secreta que debe realizar el capitán Benjamin Willard (Martin Sheen), en plena Guerra de Vietnam, al corazón de la selva para asesinar al coronel Walter Kurtz (Marlon Brando), un militar norteamericano que, aparentemente, se volvió loco y creó su propio ejército de guerrilla, liderándolo como una especie de semi dios.
La película retrata de manera cruda la locura de la guerra, usando personajes incoherentes y un tono que se vuelve cada vez más surrealista y onírico. Entre los personajes más emblemáticos está el teniente Bill Kilgore (Robert Duvall), un fanático del surf a quien lo único que parece interesarle es despuntar el vicio, incluso en medio de una batalla. Este personaje resume el sinsentido de cualquier conflicto bélico. En la escena, que incluye una de las frases más recordadas en la historia del cine, Kilgore acaba de ordenar que bombardeen con napalm (querosene, según la traducción) una playa para que la zona quede liberada y así poder aprovechar las olas para surfear. Una de las varias escenas memorables de este gran film.


martes, 16 de septiembre de 2008

Películas favoritas: Bestia salvaje

Los ingleses tienen una larga tradición en el policial negro. Películas como The long good friday, Mona Lisa, Layer Cake y hasta Snatch, por nombrar algunas, han retratado memorablemente el submundo del hampa, aquel en el que se mueven ladrones de poca monta y personajes marginales. Bestia salvaje (Sexy beast, 2001), con su mezcla de suspenso, violencia y humor negro, se insertó rápidamente en la historia grande del género.

La película comienza mostrándonos al protagonista, Gal (Ray Winstone), tirado al sol como si fuera una foca, bronceándose junto a una pileta. Mientras se pasea por el solarium de su fastuosa casa, repentinamente, desde una lomada vecina, cae rodando una enorme roca que le pasa volando por encima para aterrizar en medio de la pileta. Asombrado, Gal se queda mirando incrédulo lo ocurrido. Esa sorpresiva y peligrosa aparición no es más que el preanuncio de lo que se está por venir en su vida. Y eso que se está por venir es ni más ni menos que su pasado.

Instalado cómodamente en España, Gal es un ex ladrón inglés que, habiendo acumulado suficientes botines (y luego de pasar varios años en la cárcel) renunció a la vida delictiva para disfrutar de lo “ganado”. Pero no es tan fácil retirarse de la vida del crimen... De la nada, un buen día llega Don Logan (Ben Kingsley), un ex compañero de tropelías, quien viene a convencer a Gal de participar de un robo a un banco londinense. Gal, desde ya, declina amablemente la oferta. El único inconveniente es que Don no es de las personas que aceptan un no como respuesta. Un personaje violento y abusivo, Don se va poniendo cada vez más insistente e iracundo ante la negativa de Gal. Así, su presencia comienza a transformarse en una pesadilla, no sólo para Gal, sino para su esposa Jackie y para la pareja de amigos que vive con ellos.

La historia del ex criminal al cual su pasado lo persigue no es nueva, pero este film logró revitalizar esta vieja fábula. El director Jonathan Glazer realizó un notable trabajo tanto en el ritmo del film como en su aspecto visual. Veterano director de videos musicales, en su debut cinematográfico evitó caer en la simple estética de ese formato, logrando imprimirle una personalidad distintiva a la cinta, gracias a un buen número de interesantes recursos estilísticos. Su dinámico estilo realza no sólo a la historia sino a cada uno de los personajes. Es el tipo de película cuya trama va creciendo a la par de sus protagonistas, de quienes vamos conociendo su pasado a medida que avanza el film, lo que hace que nos interesemos cada vez más por lo que va ocurriendo. Don conoce la historia de todos los personajes, y no tiene ningún problema en revolver la basura que ellos se han encargado de meter bajo la alfombra todos estos años.

Las actuaciones son brillantes. Ray Winstone da vida a un tipo que supo ser un “pesado” criminal pero que hoy sólo quiere vivir la buena vida, tranquilamente. A diferencia de muchos roles suyos, Winstone aquí hace de la víctima, aportando al papel las dosis justas de vulnerabilidad y furia encerrada. Por su parte, Ben Kingsley realiza una sobreactuación memorable. Como ya dije alguna vez, la sobreactuación es un recurso que, bien utilizado, puede ser fabuloso (recordar a Day-Lewis en Petróleo Sangriento). En este caso, el actor que alguna vez interpretó a Gandhi se pone en la piel de alguien que es lo opuesto a esa figura histórica. Don Logan es un personaje insensible, distante y explosivo, que se maneja con la frialdad y persistencia de un robot. Kingsley (nominado al Oscar de reparto) entendió que, para dejar una marca, debía ir hasta el fondo con este personaje, llegando a extremos tan exagerados que rozan lo humorístico. Y esa es justamente una de las claves del film: cuán divertido es ver a Don atormentar psicológicamente a quienes lo rodean. Es una de esas actuaciones que llenan la pantalla y nos recuerdan que los personajes más sombríos suelen ser los más atractivos. También es destacable la presencia de Ian McShane (de la serie Deadwood), quien brinda una actuación sobria y sinuosa como Teddy Bass, el siniestro capo de la organización criminal.

En suma, un pequeño gran film. Divertido y oscuro a la vez. Y que es considerado por algunos especialistas como uno de los mejores filmes británicos de todos los tiempos. No sé si será para tanto, pero estoy seguro de que está entre mi lista de favoritos. Con eso me alcanza.

Para cerrar, un par de videos. Uno del comienzo de la película, con roca incluida; el otro, una muestra de la exagerada locura de Don. No se necesitan subtítulos. Casi todas las palabras son "Fuck".



sábado, 13 de septiembre de 2008

En qué andan los Coen

Luego de su enorme suceso con No country for old men, los hermanos Coen acaban de estrenar en USA Burn after reading, una comedia que intenta parodiar a los films de espionaje. El reparto está cargado de estrellas: George Clooney, Brad Pitt, Frances McDormand, John Malkovich y Tilda Swinton.
En el film, un par de ineptos empleados de un centro de estética obtienen, por casualidad, un CD con las memorias de un agente de la CIA, por lo que lo contactan para chantajearlo.
Como con todas las comedias de los Coen, la crítica se divide entre los que valoran su originalidad y personajes extravagantes, y quienes la ven como una película menor, por no ser "seria" como Fargo o No Country... Pero lo mismo decían de The Big Lebowski, y terminó convirtiéndose en un clásico. En Argentina se estrena el 23 de octubre con el nombre de Quémese después de leer, así que allí podremos juzgarla.
Mientras tanto, los Coen ya están filmando su siguiente proyecto, A serious man. Este film, marcando una clara diferencia con Quémese... no tiene prácticamente actores conocidos en su elenco. Seguramente, los críticos lo adorarán.

Este es el trailer de Burn after reading:


lunes, 8 de septiembre de 2008

Una guerra de película


Título original: Tropic Thunder (USA, 2008) / Dirección: Ben Stiller / Elenco: Ben Stiller, Robert Downey Jr., Jack Black, Jay Baruchel, Brandon T. Jackson, Nick Nolte, Steve Coogan, Matthew McConaughey, Tom Cruise, Bill Hader / Duración: 107 minutos

Ben Stiller es un tipo que, como actor cómico, a mí me terminó aburriendo. Principalmente porque se fue encasillando en el mismo rol: el del pobre diablo que queda encerrado en medio de circunstancias que lo superan. Loco por Mary, La familia de mi Novia, Duplex, Una noche en el museo y Mi novia Polly son algunos ejemplos de esto. Además, Stiller no posee una gracia innata desde lo físico, como sí la tienen Will Ferrel o Jack Black, por ejemplo. Como director, sin embargo, siempre ha demostrado ser mucho más interesante. Su primera incursión fue con Generación X (Reality Bites, 1994), especie de comedia romántica existencial que, si bien estaba alejada del humor crudo que lo haría famoso, le sirvió para demostrar que era algo más que un simple comediante. A ésta le siguió El insoportable (The Cable Guy, 1996) una comedia muy oscura e interesante pero que, al ser protagonizada por Jim Carrey, fracasó porque todos esperaban sólo otra comedia tonta del canadiense. La tercera película de Stiller como director fue Zoolander (2001), una gran comedia de su autoría en la que parodiaba al mundo de la moda, mezclando mucha ironía con humor más directo. Y finalmente llegamos a Una guerra de película (Tropic Thunder, 2008), con la cual Ben redobla la apuesta con una salvaje parodia al mundo del cine que le permite recuperar, finalmente, el rumbo de su errática carrera.

El film cuenta los pormenores de la filmación de Tropic Thunder, película sobre Vietnam que atraviesa una sumatoria de problemas de producción. Su director es el novato realizador inglés Damien Cockburn (Steve Coogan), quien no sabe cómo lidiar con sus variadas estrellas. Estos son, a saber: Tugg Speedman (Stiller), astro de películas de acción en franca decadencia que busca recuperar el prestigio perdido; Kirk Lazarus (Robert Downey Jr.), actor australiano, ganador de cinco Oscar, y tan metódico que se sometió a una operación de oscurecimiento cutáneo para interpretar a un soldado negro en el film; y Jeff Portnoy (Jack Black), un cómico heroinómano cuyo mayor éxito fue con el film The Fatties, sobre una familia de obesos que se la pasan tirándose pedos. La presión del jefe del estudio pone a Cockburn al borde del ataque de nervios, por lo que terminará siguiendo el consejo del perturbado ex combatiente autor del libro del film (Nick Nolte): meter a sus protagonistas en medio de la selva, bajarles sus humos de estrellas de Hollywood y filmar la película cámara en mano, buscando darle el mayor realismo posible. Esto, claro está, terminará disparando insospechadas situaciones.

Lo primero que hay que destacar de Tropic Thunder es su valentía. Para ser una película de un estudio grande de Hollywood (Dreamworks) contiene una enorme dosis de humor crudo y políticamente incorrecto. El guión (co escrito por Stiller, Etan Cohen -quien no tiene relación con los hermanos Coen- y Justin Theroux) busca ser una parodia sobre Hollywood y sobre los mecanismos internos de las películas. Y si bien hay muchas observaciones irónicas (y muy graciosas) sobre la industria del cine, posiblemente las mayores carcajadas sean gracias a sus partes de humor más “salvaje”. Tiene muchos gags, especialmente visuales, que son de una comicidad inusualmente violenta. Se podría decir que uno de los mayores méritos del film está en tener las bolas para mantener su visión íntegra, sin temor a burlarse de tópicos tan picantes como las guerras, los disminuidos mentales y los prejuicios raciales.

Otro punto alto es el elenco. Si bien con distintos niveles, todos logran lucirse. El mayor premio se lo lleva Downey Jr. Su Kirk Lazarus es toda una creación: un actor que no sale nunca de su personaje, ni siquiera entre tomas. Esto irrita principalmente a Alpa Chino (Brandon T. Jackson), el rapper negro que forma parte del elenco y que no tolera escuchar a Lazarus hablar todo el tiempo como si fuera, realmente, una persona de color. El personaje es una tomadura de pelo a gente como Russel Crowe o Daniel Day-Lewis, esa raza de actores que se toman su trabajo, a veces, demasiado en serio. Sin embargo, gracias a la notable caracterización de Downey Jr., lo suyo termina pareciendo más un homenaje a la profesión que una crítica. Jack Black, por su parte, tiene varios momentos muy cómicos, en especial desde que empieza a sufrir los síntomas del síndrome de abstinencia. Stiller cumple su papel con la corrección de siempre, y es valorable que haya decidido dar prioridad al grupo actoral, siendo el suyo un personaje más del ensamble. También es justo destacar a Jay Baruchel, como el más joven y, a la vez, más coherente de los actores del set. Y, para terminar, hay que mencionar el papel de Tom Cruise, casi irreconocible como Les Grossman, el pelado, gordo y vulgar jefe del estudio. Un papel pequeño pero muy divertido, con el cual el loquito de Tom recupera un poco de la simpatía que ha sabido perder los últimos años.

Tropic Thunder no es un film perfecto. Si bien contiene una cantidad notable de momentos de gran comicidad, hay que admitir que su ritmo decae en algunos tramos. Y su mezcla de parodia aguda con humor crudo resulta en un revuelto algo heterogéneo (aunque sin dudas suculento). Podría haber llegado a ser una gran película. Le faltó poco. Pero uno no puede dejar de sentir admiración por un film tan atrevido como éste. En medio de tanta comedia blanda e intrascendente, films de este tipo son un verdadero oasis. Violento, salvaje y muy divertido oasis.



miércoles, 3 de septiembre de 2008

Bandas de sonido: Velvet Goldmine (1998)

Como amante de la música, me debía un posteo relacionado al tema. Si bien tengo un blog y un programa radial donde desarrollo esta pasión, tenía ganas de hablar aquí, de vez en cuando, de grandes bandas de sonido. Y decidí empezar con Velvet Goldmine, film que en lo personal me gustó muy poco, pero cuya música es gloriosa.

El argumento de esta peli dirigida por Todd Haynes se desarrolla en la Inglaterra de los 70s, en pleno auge del glam rock, esa corriente más cultural que musical que tenía como bandera la liberación sexual y el culto a la imagen. En el film hay un músico ascendente llamado Brian Slade (Jonathan Rhys-Meyers), que ayuda a otro medio decadente llamado Curt Wild (Ewan McGregor), y un periodista (Christian Bale) que, algunos años después, debe investigar qué fue de la vida de estos personajes. La historia se basa, vagamente, en lo ocurrido en la vida real con David Bowie e Iggy Pop, y si bien es muy impactante desde lo visual y lo auditivo, es bastante pobre desde lo argumental. Aunque el movimiento glam se haya definido más por su forma que por su contenido, eso no significa que no se pueda hacer un film un poco más profundo sobre el tema.

Habiendo dicho esto, hay que admitir que su banda de sonido es impresionante. Los productores (entre los que figura Michael Stipe, de R.E.M.) sufrieron un revés cuando Bowie se negó a ceder sus canciones, lo que les dejó un vacío difícil de llenar. Pero lo resolvieron hábilmente. Por un lado, incluyeron gemas de artistas fundamentales de la época como T. Rex, Roxy Music, Lou Reed y Brian Eno. Además, armaron dos “súper bandas” para que grabaran nuevas versiones de algunos clásicos. Estas bandas eran "The Wylde Rattz" (Mark Arm de Mudhoney; Ron Asheton de The Stooges; Thurston Moore y Steve Shelley de Sonic Youth; Mike Watt de Minutemen; y Don Fleming de Gumball) y "The Venus in Furs" (Thom Yorke y Jonny Greenwood de Radiohead; Andy McKay de Roxy Music; Bernard Butler de Suede; y Paul Kimble de Grant Lee Buffalo). Y por último, sumaron nuevas composiciones de grupos actuales (Pulp, Shudder to Think) hechas especialmente para la película, que lograron captar el sonido característico del glam. El resultado final es un trabajo que es puro deleite glam y que logra, de manera mucho más concluyente que la película, transportarte a esa época particular. Un disco fundamental para cualquier amante de la música.

Este es el track list:

  1. "Needle In The Camel's Eye" - Brian Eno
  2. "Hot One" - Shudder To Think
  3. "20th Century Boy" - Placebo
  4. "2HB" - The Venus In Furs
  5. "T.V. Eye" - Wylde Rattz
  6. "Ballad of Maxwell Demon" - Shudder To Think
  7. "The Whole Shebang" - Grant Lee Buffalo
  8. "Ladytron" - The Venus In Furs
  9. "We Are The Boys" - Pulp
  10. "Virginia Plain" - Roxy Music
  11. "Personality Crisis" - Teenage Fanclub & Donna Matthews
  12. "Satelite Of Love" - Lou Reed
  13. "Diamond Meadows" - T. Rex
  14. "Bitter's End" - Paul Kimble & Andy Mackay
  15. "Baby's On Fire" - The Venus In Furs
  16. "Bitter-Sweet" - The Venus In Furs
  17. "Velvet Spacetime" - Carter Burwell
  18. "Tumbling Down" - The Venus In Furs
  19. "Make Me Smile (Come Up And See Me)" - Steve Harley

Y aquí les dejo todos los temas para escuchar:

domingo, 31 de agosto de 2008

Elogio a la locura

Hace poco tuve oportunidad de ver nuevamente Corazón salvaje (Wild at Heart, 1990), gran película del genial David Lynch. No me interesa tanto hacer aquí una crítica de esta cinta, sino compartir algunas reflexiones que me disparó, en especial sobre las formas en las cuales miramos una película y desde qué posición la evaluamos.
Wild at Heart es una de esas películas que son para amar u odiar (como todo el cine de Lynch). Y entiendo tanto a quien me diga que le parece una basura absoluta como a quien la considere una obra maestra (yo estoy más cerca de la segunda posición). Es que es un film tan radical en su propuesta y en su ejecución, que no creo que acepte medias tintas.
La película cuenta la historia de Sailor y Lula (Nicolas Cage y Laura Dern), dos amantes que ven amenazada permanentemente su relación por la posesiva madre de ella, quien no descansará hasta ver muerto al muchacho. De hecho, Sailor pasa un par de años preso por matar a un asesino enviado por la vieja. Al salir libre, él y Lula se fugan, pero la señora les seguirá el rastro. Los motivos reales de semejante encono, claro, se irán develando a lo largo de la película. Este argumento de film noir se convierte, en manos de Lynch, en una retorcida historia de amor plagada de simbolismos, escenas bizarras, violencia extrema y actuaciones exacerbadas. No hay ni un personaje de la película que se comporte como un ser humano normal (recuerdo una reseña del film en la que decían que parecía haber sido interpretado por los internos de un psiquiátrico). En este punto, creo que lo que hay que juzgar es si el film es coherente con sí mismo. Y éste lo es plenamente. La forma en la que Lynch eligió contar su historia es ésta, y no se desvía de ese camino jamás. El tono exagerado y chocante se mantiene de principio a fin. Es como una fábula bizarra. Aquel que “enganche” la onda de la película desde un principio y logre insertarse en el surrealista mundo de Lynch, podrá disfrutarla. Quien la mire desde una perspectiva lógica, esquemática y buscando veracidad, rechazará prácticamente todo lo que ocurra.

Como dije, el film me hizo reflexionar sobre cómo debemos “instalarnos” antes de ver una película. ¿Es necesario saber de antemano cuál es la onda de una obra para poder entenderla? Yo creo que no. Ningún film hecho como Dios manda necesita de un manual de instrucciones previo. O sea, no preciso saber si se trata de una comedia, un drama o una de terror. O si es un film testimonial o surrealista. Si está bien realizado, se irá explicando solo. Luego estará en cada espectador el ir aceptando las pautas propuestas por el film. Esto dependerá de muchos factores: educación, ideología, experiencias personales, entorno cultural, apertura mental. Hasta del estado de ánimo. ¿Nunca les pasó que vieron una misma película en dos momentos distintos, y la percepción de la misma cambió radicalmente?
En lo personal, disfruto de aquellas propuestas distintas, arriesgadas. Es cierto que el riesgo artístico no siempre se traduce en calidad, pero me encanta cuando un film te hace cosquillas en lugares nuevos. Cuando te descoloca. Cuando se transforma en una experiencia. La originalidad es un aspecto muy importante, para mí, a la hora de valorar una obra.
Por eso recomiendo, antes de ver un film, poner mente y alma en blanco. Dejarnos llevar. Y ver qué pasa. ¿Por qué ir siempre a lo seguro? No debemos rechazar de plano aquello que, a priori, no entendemos. Un poco de locura siempre viene bien. Y qué mejor opción que hundirse en la intrincada mente de David Lynch. Ya sea con ésta o con cualquiera de sus películas.
Y les pregunto a Ustedes: ¿recuerdan alguna película o realizador que los haya sorprendido? ¿Que les haya abierto la cabeza? ¿Que les haya "partido el mate"?