domingo, 5 de octubre de 2008

Momentos musicales (en filmes que no lo son)

Saben que no soy muy amante de los musicales. Y tampoco suelo disfrutar cuando en una película "normal" los personajes se ponen a cantar, como ocurría en La boda de mi mejor amigo (¡Puaj!). Sin embargo, hay películas en las cuales los momentos musicales sí funcionan. O al menos, funcionan para mí. Aquí les dejo tres ejemplos de mis momentos musicales preferidos (en filmes que no son musicales).

El reportero (Anchorman: the legend of Ron Burgundy, 2004)

En esta comedia increíble, Will Ferrell interpreta a Ron Burgundy, un arrogante reportero de los 70s. Cuando debe explicarle a su inepto grupo de compañeros qué es el amor, no se le ocurre mejor manera de hacerlo que entonando esta canción. Un gran momento dentro de una película llena de ellos.


Tiempos violentos (Pulp Fiction, 1994)

Esta escena es ya un clásico. Vincent Vega (John Travolta) debe sacar a pasear a Mía Wallace (Uma Thurman), la esposa de su jefe mafioso, y terminan participando en un concurso de baile en un restaurant. Sin decir una palabra, ambos se están seduciendo al ritmo del twist. Y de la manera más cool imaginable.



Perdidos en Tokyo (Lost in translation, 2003)

Bob Harris (Bill Murray) se vale del karaoke para dejarle en claro a Charlotte (Scarlett Johansson) sus sentimientos, en uno de los tantos sutiles momentos de este gran film.

martes, 30 de septiembre de 2008

Espejos siniestros


Título original: Mirrors (USA/Rumania, 2008) / Dirección: Alexandre Aja / Elenco: Kiefer Sutherland, Paula Patton, Amy Smart / Duración: 110 minutos

Mirrors es una nueva remake norteamericana de una película de horror oriental (¿cuántas van ya?), en este caso del film coreano Into the mirror. La verdad, no vi la original, así que no puedo hacer comparaciones. Pero estoy bastante seguro de que esta nueva versión no mejoró a la anterior en ningún sentido.

Ben Carson (Kiefer Sutherland) es un ex detective de la policía que, luego de haber sido retirado de la fuerza por un desafortunado incidente, está tratando de reencauzar su vida. Separado de la madre de sus dos hijos, y recuperándose de su adicción al alcohol, necesita un trabajo estable que le posibilite salvar su matrimonio. Así, consigue empleo como guardia nocturno en un viejo centro comercial, clausurado desde hace años luego de un terrible incendio. Pero aquel viejo edificio esconde un secreto que se le irá revelando a Ben, poniendo en riesgo no sólo su vida, sino la de sus seres queridos.

A ver... ¿Por dónde empezar? Ah, sí: la película es muy mala. La historia no sólo carece de lógica (la cual siempre es importante, aun para un film de horror), sino que no logra jamás interesar al espectador. Esto es por varios motivos: personajes poco delineados, diálogos ridículos, suspenso mal trabajado... Como culpable de casi todo esto se puede señalar al director francés Alexandre Aja, también coguionista del film. Aja se hizo de un nombre en el mundo del cine de terror gracias al film Alta Tensión (2003), una verdadera orgía de sangre y desmembramientos varios que puso a los amantes del gore de parabienes. Luego dirigió otra remake, The hills have eyes, en la cual también se despachó con unas cuantas escenas truculentas que lo elevaron a la categoría de genio entre muchos fanáticos del terror. Mirrors es una película diferente, que apela más al terror de suspenso que al sensacionalista, y allí es donde más naufraga. Ojo, la peli tiene su par de escenas (muy) sangrientas en las que Aja despliega toda su retorcida imaginación, pero en comparación con Alta Tensión, esto es los Backyardigans.

El tema de los espejos viene a cuento porque a través de ellos se van manifestando las distintas apariciones y visiones que irán llevando a Ben al borde del ataque de nervios, obligándolo a buscar una explicación y un desenlace. Lo malo de la historia es que, como dije, nada de lo que ocurre tiene un desarrollo o un sentido muy claro. Las situaciones van desde lo confuso a lo poco interesante, y el relato se va haciendo cada vez más pesado. No hay ninguna base dramática que sustente lo sucedido. Y los momentos de suspenso se terminan valiendo de recursos muy trillados (la aparición repentina de una paloma, puertas que se cierran, reflejos inesperados, etc). En fin, todo muy, muy previsible.

Con el éxito de la serie 24, no es probable que a Sutherland le falte trabajo o dinero, por lo cual llama la atención no sólo que haya decidido protagonizar este bodrio, sino también financiarlo. Quién sabe. Estaría aburrido...

La verdad, no se me ocurre mucho más para agregar sobre este film. No voy a decir “no lo vean”, porque no me gusta hacer ese tipo de recomendaciones. Queda en Ustedes. Aunque creo que los Damiancitos hablan por sí solos...

Mirrors se estrena en Argentina el 2 de octubre.


jueves, 25 de septiembre de 2008

No te metas con Zohan


Título original: You don't mess with the Zohan (USA, 2008) / Dirección: Dennis Dugan / Elenco: Adam Sandler, John Turturro, Emmanuelle Chriqui, Nick Swardson, Lainie Kazan, Rob Schneider / Duración: 112 minutos

Antes de empezar esta crítica quiero confesar que Adam Sandler nunca me gustó demasiado. Sencillamente, el tipo no me causa mucha gracia. Hasta ha llegado a irritarme en más de una película. En pocas palabras, siempre me pareció un salame. Pero así sucede con los comediantes. Los amás o los odiás. Sin embargo, a pesar de mis reparos hacia este individuo, debo admitir que No te metas con el Zohan, que está lejos de ser una gran película, me reconcilió un poco con este egresado de Saturday Night Live.
Zohan es un agente del gobierno israelí que es una especie de celebridad en su país. Desde el comienzo del film se nos presenta casi como un súper héroe, capaz de hazañas físicas increíbles que van desde saltar del techo de un edificio hasta atrapar un pescado con su trasero. Pero también se nos muestra su deseo secreto: convertirse en peluquero y dejar a todo el mundo con el pelo sedosamente suave. Por eso, cuando es convocado por el gobierno para atrapar una vez más al terrorista palestino Fantasma (John Turturro), Zohan decide que es momento de cambiar. Cansado de la violencia y de la lucha que parecen no tener fin, aprovecha la misión para simular su muerte y escaparse a los EEUU en pos de alcanzar su sueño.


Una vez en EEUU, Zohan comienza a trabajar en una peluquería de una chica palestina, y pronto se convierte en una verdadera sensación entre la clientela femenina. Pero no sólo por sus dotes como peluquero, sino por sus dimensiones como amante. Digamos que el tipo atiende a las mujeres en doble turno... Una mezcla entre Roberto Giordano y Rocco Siffredi. Eso sí, sus clientas son exclusivamente mujeres de 60 años para arriba. Pero la filosofía masculina de Zohan es que no hay que despreciar a ninguna mujer... Con su repentino éxito, todo parece marchar bien pare él. Incluso parece conocer, finalmente, las mieles del amor. Pero, como era de esperar, no le será tan fácil escapar de su pasado.
Debo decir que la película no arranca bien. Sus primeros 10 minutos son un compendio del humor más básico imaginable. Una seguidilla de gags de un nivel preadolescente que me hicieron presentir dos horas de tortura neuronal. Por suerte, el film luego abandona un poco este estilo (si bien habrá varios chistes tontos, en especial visuales, a lo largo de la película) para dar lugar a un humor más crudo y vulgar. No sólo la película es muy guarra desde lo sexual, sino que tiene muchos chistes relacionados a la temática palestino-israelí. Eso sí, los personajes son terriblemente estereotipados, en especial los árabes. Y si bien la película juega mucho (deliberadamente) con estos lugares comunes, estará en cada espectador el aceptar la simplificación de una temática tan compleja. Otro punto que nos puede resultar bastante chocante es la visión tan yanqui de todo. Estados Unidos es la tierra de los sueños, en la cual las personas se refugian para empezar de cero y donde logran transformarse en seres más buenos. Pero, como dije, esta es una comedia de trazo grueso, cuyo objetivo principal no es analizar en profundidad estos temas, sino valerse de ellos para armar una historia cómica. Además, algo de crítica tiene la peli: el verdadero villano de la historia termina siendo un yanqui.


Hay dos cosas de Sandler que habitualmente me molestan. Por un lado, su humor muy simple. La suya es siempre una perspectiva adolescente de la vida, y desde allí crea sus personajes y aborda sus historias. Sería el camino inverso al de Will Ferrel, quien suele terminar en el chiste tonto pero lo construye a partir de una mirada más crítica y analítica. Lo otro que me perturba de Sandler es la moralina y el sentimentalismo que afloran en todas sus comedias (Click, Locos de ira, Un papá genial, etc.). Y Zohan posee su cuota de moraleja políticamente correcta en favor de la paz. Pero cuando finalmente se produce el inevitable momento “sensiblero”, éste está matizado dentro de una situación bastante delirante. O sea, no jode tanto. Sandler, co-autor del guión, tuvo la inteligencia de convocar al omnipresente Judd Apatow para que colabore en la historia, lo cual debe haber ayudado bastante.
En cuanto a las actuaciones, Sandler está más gracioso y, sorprendentemente, medido que de costumbre (dentro de los límites de un personaje que es exagerado de por sí). Turturro (quien debe ser amigo porque actúa en muchas pelis de Sandler) hace de taquito su papel de terrorista exacerbado. Y, para mí sorpresa, quiero destacar también a Rob Schneider (habitual protegido de Sandler), quien está muy cómico y bien caracterizado como un taxista palestino que tendrá un importante rol en la historia.
En fin, como dejé en claro, se trata de una comedia que dependerá de distintos factores para poder ser disfrutada. Será una cuestión de gustos, sin duda. Haciendo caso a lo que yo mismo planteé recientemente, traté de enganchar la onda de la peli desde un principio. Y logré hacerlo. Ojo, la película es lo que es. No esperen sofisticación ni busquen segundas lecturas. Así que véanla con las precauciones del caso. No creo que pase a engrosar mi videoteca, pero me entretuvo bastante.

domingo, 21 de septiembre de 2008

Escenas memorables: Apocalypse Now (1979)

Francis Ford Coppola cerró la década del '70 de manera brillante con este clásico basado en la novela Heart of darkness, de Joseph Conrad. El film cuenta la misión secreta que debe realizar el capitán Benjamin Willard (Martin Sheen), en plena Guerra de Vietnam, al corazón de la selva para asesinar al coronel Walter Kurtz (Marlon Brando), un militar norteamericano que, aparentemente, se volvió loco y creó su propio ejército de guerrilla, liderándolo como una especie de semi dios.
La película retrata de manera cruda la locura de la guerra, usando personajes incoherentes y un tono que se vuelve cada vez más surrealista y onírico. Entre los personajes más emblemáticos está el teniente Bill Kilgore (Robert Duvall), un fanático del surf a quien lo único que parece interesarle es despuntar el vicio, incluso en medio de una batalla. Este personaje resume el sinsentido de cualquier conflicto bélico. En la escena, que incluye una de las frases más recordadas en la historia del cine, Kilgore acaba de ordenar que bombardeen con napalm (querosene, según la traducción) una playa para que la zona quede liberada y así poder aprovechar las olas para surfear. Una de las varias escenas memorables de este gran film.


martes, 16 de septiembre de 2008

Películas favoritas: Bestia salvaje

Los ingleses tienen una larga tradición en el policial negro. Películas como The long good friday, Mona Lisa, Layer Cake y hasta Snatch, por nombrar algunas, han retratado memorablemente el submundo del hampa, aquel en el que se mueven ladrones de poca monta y personajes marginales. Bestia salvaje (Sexy beast, 2001), con su mezcla de suspenso, violencia y humor negro, se insertó rápidamente en la historia grande del género.

La película comienza mostrándonos al protagonista, Gal (Ray Winstone), tirado al sol como si fuera una foca, bronceándose junto a una pileta. Mientras se pasea por el solarium de su fastuosa casa, repentinamente, desde una lomada vecina, cae rodando una enorme roca que le pasa volando por encima para aterrizar en medio de la pileta. Asombrado, Gal se queda mirando incrédulo lo ocurrido. Esa sorpresiva y peligrosa aparición no es más que el preanuncio de lo que se está por venir en su vida. Y eso que se está por venir es ni más ni menos que su pasado.

Instalado cómodamente en España, Gal es un ex ladrón inglés que, habiendo acumulado suficientes botines (y luego de pasar varios años en la cárcel) renunció a la vida delictiva para disfrutar de lo “ganado”. Pero no es tan fácil retirarse de la vida del crimen... De la nada, un buen día llega Don Logan (Ben Kingsley), un ex compañero de tropelías, quien viene a convencer a Gal de participar de un robo a un banco londinense. Gal, desde ya, declina amablemente la oferta. El único inconveniente es que Don no es de las personas que aceptan un no como respuesta. Un personaje violento y abusivo, Don se va poniendo cada vez más insistente e iracundo ante la negativa de Gal. Así, su presencia comienza a transformarse en una pesadilla, no sólo para Gal, sino para su esposa Jackie y para la pareja de amigos que vive con ellos.

La historia del ex criminal al cual su pasado lo persigue no es nueva, pero este film logró revitalizar esta vieja fábula. El director Jonathan Glazer realizó un notable trabajo tanto en el ritmo del film como en su aspecto visual. Veterano director de videos musicales, en su debut cinematográfico evitó caer en la simple estética de ese formato, logrando imprimirle una personalidad distintiva a la cinta, gracias a un buen número de interesantes recursos estilísticos. Su dinámico estilo realza no sólo a la historia sino a cada uno de los personajes. Es el tipo de película cuya trama va creciendo a la par de sus protagonistas, de quienes vamos conociendo su pasado a medida que avanza el film, lo que hace que nos interesemos cada vez más por lo que va ocurriendo. Don conoce la historia de todos los personajes, y no tiene ningún problema en revolver la basura que ellos se han encargado de meter bajo la alfombra todos estos años.

Las actuaciones son brillantes. Ray Winstone da vida a un tipo que supo ser un “pesado” criminal pero que hoy sólo quiere vivir la buena vida, tranquilamente. A diferencia de muchos roles suyos, Winstone aquí hace de la víctima, aportando al papel las dosis justas de vulnerabilidad y furia encerrada. Por su parte, Ben Kingsley realiza una sobreactuación memorable. Como ya dije alguna vez, la sobreactuación es un recurso que, bien utilizado, puede ser fabuloso (recordar a Day-Lewis en Petróleo Sangriento). En este caso, el actor que alguna vez interpretó a Gandhi se pone en la piel de alguien que es lo opuesto a esa figura histórica. Don Logan es un personaje insensible, distante y explosivo, que se maneja con la frialdad y persistencia de un robot. Kingsley (nominado al Oscar de reparto) entendió que, para dejar una marca, debía ir hasta el fondo con este personaje, llegando a extremos tan exagerados que rozan lo humorístico. Y esa es justamente una de las claves del film: cuán divertido es ver a Don atormentar psicológicamente a quienes lo rodean. Es una de esas actuaciones que llenan la pantalla y nos recuerdan que los personajes más sombríos suelen ser los más atractivos. También es destacable la presencia de Ian McShane (de la serie Deadwood), quien brinda una actuación sobria y sinuosa como Teddy Bass, el siniestro capo de la organización criminal.

En suma, un pequeño gran film. Divertido y oscuro a la vez. Y que es considerado por algunos especialistas como uno de los mejores filmes británicos de todos los tiempos. No sé si será para tanto, pero estoy seguro de que está entre mi lista de favoritos. Con eso me alcanza.

Para cerrar, un par de videos. Uno del comienzo de la película, con roca incluida; el otro, una muestra de la exagerada locura de Don. No se necesitan subtítulos. Casi todas las palabras son "Fuck".



sábado, 13 de septiembre de 2008

En qué andan los Coen

Luego de su enorme suceso con No country for old men, los hermanos Coen acaban de estrenar en USA Burn after reading, una comedia que intenta parodiar a los films de espionaje. El reparto está cargado de estrellas: George Clooney, Brad Pitt, Frances McDormand, John Malkovich y Tilda Swinton.
En el film, un par de ineptos empleados de un centro de estética obtienen, por casualidad, un CD con las memorias de un agente de la CIA, por lo que lo contactan para chantajearlo.
Como con todas las comedias de los Coen, la crítica se divide entre los que valoran su originalidad y personajes extravagantes, y quienes la ven como una película menor, por no ser "seria" como Fargo o No Country... Pero lo mismo decían de The Big Lebowski, y terminó convirtiéndose en un clásico. En Argentina se estrena el 23 de octubre con el nombre de Quémese después de leer, así que allí podremos juzgarla.
Mientras tanto, los Coen ya están filmando su siguiente proyecto, A serious man. Este film, marcando una clara diferencia con Quémese... no tiene prácticamente actores conocidos en su elenco. Seguramente, los críticos lo adorarán.

Este es el trailer de Burn after reading:


lunes, 8 de septiembre de 2008

Una guerra de película


Título original: Tropic Thunder (USA, 2008) / Dirección: Ben Stiller / Elenco: Ben Stiller, Robert Downey Jr., Jack Black, Jay Baruchel, Brandon T. Jackson, Nick Nolte, Steve Coogan, Matthew McConaughey, Tom Cruise, Bill Hader / Duración: 107 minutos

Ben Stiller es un tipo que, como actor cómico, a mí me terminó aburriendo. Principalmente porque se fue encasillando en el mismo rol: el del pobre diablo que queda encerrado en medio de circunstancias que lo superan. Loco por Mary, La familia de mi Novia, Duplex, Una noche en el museo y Mi novia Polly son algunos ejemplos de esto. Además, Stiller no posee una gracia innata desde lo físico, como sí la tienen Will Ferrel o Jack Black, por ejemplo. Como director, sin embargo, siempre ha demostrado ser mucho más interesante. Su primera incursión fue con Generación X (Reality Bites, 1994), especie de comedia romántica existencial que, si bien estaba alejada del humor crudo que lo haría famoso, le sirvió para demostrar que era algo más que un simple comediante. A ésta le siguió El insoportable (The Cable Guy, 1996) una comedia muy oscura e interesante pero que, al ser protagonizada por Jim Carrey, fracasó porque todos esperaban sólo otra comedia tonta del canadiense. La tercera película de Stiller como director fue Zoolander (2001), una gran comedia de su autoría en la que parodiaba al mundo de la moda, mezclando mucha ironía con humor más directo. Y finalmente llegamos a Una guerra de película (Tropic Thunder, 2008), con la cual Ben redobla la apuesta con una salvaje parodia al mundo del cine que le permite recuperar, finalmente, el rumbo de su errática carrera.

El film cuenta los pormenores de la filmación de Tropic Thunder, película sobre Vietnam que atraviesa una sumatoria de problemas de producción. Su director es el novato realizador inglés Damien Cockburn (Steve Coogan), quien no sabe cómo lidiar con sus variadas estrellas. Estos son, a saber: Tugg Speedman (Stiller), astro de películas de acción en franca decadencia que busca recuperar el prestigio perdido; Kirk Lazarus (Robert Downey Jr.), actor australiano, ganador de cinco Oscar, y tan metódico que se sometió a una operación de oscurecimiento cutáneo para interpretar a un soldado negro en el film; y Jeff Portnoy (Jack Black), un cómico heroinómano cuyo mayor éxito fue con el film The Fatties, sobre una familia de obesos que se la pasan tirándose pedos. La presión del jefe del estudio pone a Cockburn al borde del ataque de nervios, por lo que terminará siguiendo el consejo del perturbado ex combatiente autor del libro del film (Nick Nolte): meter a sus protagonistas en medio de la selva, bajarles sus humos de estrellas de Hollywood y filmar la película cámara en mano, buscando darle el mayor realismo posible. Esto, claro está, terminará disparando insospechadas situaciones.

Lo primero que hay que destacar de Tropic Thunder es su valentía. Para ser una película de un estudio grande de Hollywood (Dreamworks) contiene una enorme dosis de humor crudo y políticamente incorrecto. El guión (co escrito por Stiller, Etan Cohen -quien no tiene relación con los hermanos Coen- y Justin Theroux) busca ser una parodia sobre Hollywood y sobre los mecanismos internos de las películas. Y si bien hay muchas observaciones irónicas (y muy graciosas) sobre la industria del cine, posiblemente las mayores carcajadas sean gracias a sus partes de humor más “salvaje”. Tiene muchos gags, especialmente visuales, que son de una comicidad inusualmente violenta. Se podría decir que uno de los mayores méritos del film está en tener las bolas para mantener su visión íntegra, sin temor a burlarse de tópicos tan picantes como las guerras, los disminuidos mentales y los prejuicios raciales.

Otro punto alto es el elenco. Si bien con distintos niveles, todos logran lucirse. El mayor premio se lo lleva Downey Jr. Su Kirk Lazarus es toda una creación: un actor que no sale nunca de su personaje, ni siquiera entre tomas. Esto irrita principalmente a Alpa Chino (Brandon T. Jackson), el rapper negro que forma parte del elenco y que no tolera escuchar a Lazarus hablar todo el tiempo como si fuera, realmente, una persona de color. El personaje es una tomadura de pelo a gente como Russel Crowe o Daniel Day-Lewis, esa raza de actores que se toman su trabajo, a veces, demasiado en serio. Sin embargo, gracias a la notable caracterización de Downey Jr., lo suyo termina pareciendo más un homenaje a la profesión que una crítica. Jack Black, por su parte, tiene varios momentos muy cómicos, en especial desde que empieza a sufrir los síntomas del síndrome de abstinencia. Stiller cumple su papel con la corrección de siempre, y es valorable que haya decidido dar prioridad al grupo actoral, siendo el suyo un personaje más del ensamble. También es justo destacar a Jay Baruchel, como el más joven y, a la vez, más coherente de los actores del set. Y, para terminar, hay que mencionar el papel de Tom Cruise, casi irreconocible como Les Grossman, el pelado, gordo y vulgar jefe del estudio. Un papel pequeño pero muy divertido, con el cual el loquito de Tom recupera un poco de la simpatía que ha sabido perder los últimos años.

Tropic Thunder no es un film perfecto. Si bien contiene una cantidad notable de momentos de gran comicidad, hay que admitir que su ritmo decae en algunos tramos. Y su mezcla de parodia aguda con humor crudo resulta en un revuelto algo heterogéneo (aunque sin dudas suculento). Podría haber llegado a ser una gran película. Le faltó poco. Pero uno no puede dejar de sentir admiración por un film tan atrevido como éste. En medio de tanta comedia blanda e intrascendente, films de este tipo son un verdadero oasis. Violento, salvaje y muy divertido oasis.