miércoles, 17 de febrero de 2010

Al filo de la oscuridad


Título original: Edge of darkness (USA/UK, 2010) / Dirección: Martin Campbell / Elenco: Mel Gibson, Ray Winstone, Danny Huston, Bojana Novakovic / Duración: 117 minutos

Parece mentira, pero hacía ocho años que Mel Gibson no protagonizaba un film (Señales, 2002). Desde entonces, dirigió dos películas y se vio envuelto en algunos escándalos que modificaron la percepción que parte del público tenía de él. Dejó de ser una de las estrellas más queridas mundialmente para convertirse en un director de cine polémico pero valioso, cuyos problemas personales y desafortunadas expresiones ideológicas empañaron su trabajo artístico. Pero dicen que el tiempo cura las heridas, y Mel decidió que era el momento de volver a la pantalla. Si de hecho lo era, no lo sé. De lo que sí estoy bastante seguro es de que el film elegido para su regreso no fue el más feliz. No por su temática, sino por su calidad.
En Edge of darkness Gibson es Thomas Craven, un policía veterano que recibe la visita de su única hija, de 24 años, quien vive en otra ciudad. Pero, a las pocas horas de arribada, ella es asesinada brutalmente en la puerta de la casa de su padre. Lo que sigue es la investigación que comenzará Craven para encontrar a los responsables del crimen y para descubrir los motivos que se esconden detrás del asesinato.

Para empezar, les quiero sacar las ilusiones a quienes esperen una película de venganza violenta y acción frenética en la onda de Búsqueda implacable. En aquella, Liam Neeson interpretaba a un ex agente especial cuya hija era secuestrada en Francia por tratantes de blancas. Y el tipo usaba todos sus métodos y recursos, que incluían más que nada la violencia, para encontrarla. Aquí es distinto. El personaje de Gibson es alguien con una indudable sed de venganza, pero que inicia una investigación de tipo policíaca, siguiendo pistas y entrevistando por cuenta propia a los allegados a su hija. Si bien hay un par de escenas de acción, la película va más por el lado del drama, la intriga y la denuncia (la empresa para la que trabajaba la chica se dedica a la investigación nuclear y tiene dudosas conexiones con el gobierno). Desde ya, que el film vaya por ese lado no tendría nada de malo si no fuera porque en casi ningún momento logró interesarme. En este sentido, las "culpas" las comparten el guión, la dirección y el protagonista.
La película está basada en una laureada miniserie inglesa de tv de los años 80. No vi esa serie, también dirigida por Martin Campbell, pero imagino que era mucho mejor que la película. Aquí, Campbell (responsable de la excelente Casino Royale) no logra generar un vínculo muy sólido entre Craven y su hija como para que nos enganchemos con la historia desde el comienzo. A los diez minutos de película la chica ya está muerta, y lo que sigue no ayuda mucho para que nos interesemos. El recurso de Gibson teniendo intercambios imaginarios con su hija, especialmente de pequeña, conmigo al menos no funcionó. Y la trama alrededor de las causas del asesinato no me intrigó mucho.

Tampoco ayuda el protagonista. Volviendo a la comparación con Búsqueda implacable (que igualmente no es un peli que me haya encantado), allí el principal era Liam Neeson, un actor excelente que da profundidad y credibilidad a sus personajes. Gibson, en cambio, es menos dúctil. Y en este caso en particular su actuación me pareció más floja que nunca. Es una percepción mía, pero no logró transmitirme casi nada. Y eso que hablamos de un personaje que perdió a su única hija, así que hay bastante para transmitir. Otra cosa, rara: no sé si era la copia en que vi la peli (era una función para prensa, así que era de buena calidad) pero la voz de Mel me sonaba muy nasal. ¿Será a propósito para el personaje? ¿Serán los años? ¿Estará viejito herr Mel? Qué se yo... Como dije: raro.
La película tiene algunos momentos en que levanta, pero son pocos. Entre esos momentos están los que aparece Ray Winstone, ese gran actor británico que aquí hace de Jedburgh, un especialista en seguridad que trabaja para el gobierno de USA, cuya tarea es la de "limpiar" los platos sucios y atar los cabos sueltos. Y que logra una relación especial con Craven. En las escenas en las que aparece Winstone, que lamentablemente no son muchas, la calidad del film se eleva. Incluso la actuación de Gibson mejora a su lado... Otro buen actor, desperdiciado, es Danny Huston, quien hace del capo de la empresa. Un típico malvado corporativo.

En fin, nada nuevo bajo el sol. Para padres vengativos, recomiendo ver The Limey, muy buen film de Steven Soderbergh con Terence Stamp. En cuanto a Gibson, creo que ha demostrado ser un director muy interesante. Y creo también que una buena parte del público no tiene ganas de verle mucho la cara. Y que el carisma que alguna vez tuvo ya no funciona tanto. Tal vez en los años venideros, Gibson reconozca esta situación y se dedique a lo que mejor hace. Atrás de cámaras. Y lejos de los micrófonos.

Al filo de la oscuridad se estrena en Argentina el 25 de febrero.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Tierra de zombies


Título original: Zombieland (USA, 2009) / Dirección: Ruben Fleischer / Elenco: Woody Harrelson, Jesse Eisenberg, Emma Stone, Abigail Breslin / Duración: 88 minutos

Admito que en los últimos años me he vuelto bastante adepto a las historias de zombies. No sé realmente el motivo. Tal vez deba hablarlo con mi analista... Lo cierto es que el cine le sigue encontrando vueltas de tuerca a este subgénero. Y eso me pone contento. Zombieland, con su original enfoque y retorcido sentido del humor, es una clara muestra.
El protagonista de la historia es Columbus (Jesse Eisenberg), un joven timorato que, gracias a su estricto código de reglas, consigue sobrevivir en un mundo apestado por zombies. Un día se cruza en su camino Tallahassee (Woody Harrelson) un tipo recio y solitario que, medio a regañadientes, acepta la compañía del joven. Ambos luego se encontrarán con un par de chicas (la ascendente Emma Stone y la Little Miss Sunshine Abigail Breslin) que son menos inocentes de lo que parecen. En suma, se conforma el típico grupo desparejo de esta clase de films. Personajes que primero desconfían los unos de los otros, pero que luego se van conociendo y estimando. Lo que sigue es el recorrido que realizan para llegar a un supuesto lugar seguro, libre de mutantes. Desde ya, en el camino irán encontrando problemas varios.

Como se verá, no hay nada en la historia que parezca muy original. Pero lo que hace de Zombieland una experiencia tan entretenida es el modo en que está narrada. Ya desde el principio la peli es diferente, con Columbus contando en off sus reglas esenciales para sobrevivir en un mundo de zombies. Reglas que hacen hincapié en algunos tópicos básicos de este subgénero, pero de una forma muy original. La película es una comedia de terror, aunque miedo sea lo que menos cause. Tal vez no posea el ingenio ni sutileza de Shaun of the dead, pero tiene un humor más salvaje (lo que es lógico, siendo aquella inglesa y ésta yanqui). Y tiene a un Woody Harrelson en plenitud, componiendo a uno de esos brutos simpáticos que tan bien le salen. Y posee un gran cameo que, si bien ya lo deschavaron en varios medios, prefiero no develar. Además, tiene algo que me gusta de las películas de zombies, y es que no se busca explicar las causas de lo que sucede. Sólo sabemos que el mundo está lleno de zombies. Punto. Y mucho menos busca reflexiones ni analogías con el mundo real, con la política, con la sociedad... Es una película que juega con el género, nada más. Ni nada menos. Ah, y es cortita.

Zombieland no será extraordinaria, pero está buena. Una justa mezcla de humor, tripas y sangre. Y parece que ya está en camino la continuación. Así que los fanáticos de los fiambres vivientes seguiremos disfrutando. ¡Larga vida a los muertos!

martes, 2 de febrero de 2010

Vivir al límite


Título original: The Hurt Locker (USA, 2009) / Dirección: Kathryn Bigelow / Elenco: Jeremy Renner, Anthony Mackie, Brian Geraghty, Guy Pearce, Ralph Fiennes, David Morse, Evangeline Lilly / Duración: 131 minutos

Ah, el difícil arte de criticar… ¿Cómo hago para explicarles que la película más elogiada del año en USA (ver aquí), a la cual muchos especialistas norteamericanos señalan como una de las mejores de la última década, y que acaba de ser nominada a 9 premios Oscar me haya decepcionado? Es fácil, en realidad. Esto es cine, y todos tenemos la razón a la hora de opinar. El arte, realmente, no puede cuantificarse (por ello estoy pensando en dejar de lado mis queridos “Damiancitos”). En la mayoría de los casos, las causas que llevan a que alguien aprecie más o menos una obra son difíciles de explicar, porque están relacionadas a lo emocional. Aunque también muchas veces hay motivos racionales e ideológicos que entran en juego. Creo que este es el caso.
The hurt locker narra el día a día de un escuadrón del ejército norteamericano especializado en desactivar explosivos. El film sucede en Irak, aunque la película no se ocupa de hacer referencias muy específicas sobre el conflicto en sí. El protagonista principal es el sargento William James (Jeremy Renner), un arriesgado especialista que constantemente parece desafiar lo que el sentido común, e incluso las reglas del ejército, dictan. Esto hace que sus dos nuevos compañeros (en realidad James se suma al escuadrón en reemplazo de otro especialista), lo vean con recelo y hasta como una posible amenaza. Así, los días irán pasando de misión en misión, cada una más estresante que la anterior.

Antes que nada, quiero dejar en claro que la película no me pareció “mala”. Al contrario, creo que posee altos valores de producción. La dirección de Kathryn Bigelow es realmente tensionante. Logra poner al espectador en la piel de los soldados en medio de un escenario hostil en el que nunca se sabe quién es aliado y quién enemigo. Mucha cámara en mano, mucho vértigo, mucho impacto visual. Dado este estilo de filmación, es también de elogiar el trabajo de Renner, quien logra una intensa actuación a base de actitudes, gestos y reacciones en situaciones en las que se toman decisiones de vida o muerte en cuestión de segundos. En realidad, todo el elenco brinda buenos trabajos. Y, desde ya, todos los aspectos técnicos del film (sonido, edición, fotografía) son excepcionales.
Ahora bien, vayamos a lo que a mí (lo subrayo porque me parece importante) me ocurrió con el film. Primero, me costó mucho identificarme con los protagonistas. Entiendo que un norteamericano sienta empatía con estos soldados que arriesgan su vida a miles de kilómetros de su hogar. Pero yo no puedo evitar sentir cierto rechazo hacia estos tipos vestidos de verde apuntando sus armas y gritándole a cualquier civil iraquí que les parezca sospechoso. Entiendo la naturaleza peligrosa de la situación, pero desde el vamos no puedo dejar de lado mi percepción de los hechos. Además, el personaje de James llega al colmo de lo temerario, y sus actitudes nunca terminaron de tener para mí una explicación satisfactoria.

La película no emite juicios de valor acerca del conflicto (esto no es inherentemente malo). De hecho, parece estar interesada en un enfoque más general sobre la naturaleza humana, la cual hace que a veces realicemos acciones que van más allá de cualquier lógica. De allí que el film comience con la frase “La guerra es una droga”. El propósito de la película es, entonces, meternos en un mundo en el que los hombres actúan siguiendo su necesidad de adrenalina, y no su raciocinio. Esto no deja se ser interesante, y la película realmente hace justicia a esta adrenalina, pero yo no pude dejar de sentirme alejado emocionalmente de esta idea y del protagonista. Por ello, sin importar lo bien dirigido que esté el film ni lo bien que esté Renner en su papel, no logré que la historia se meta bajo mi piel.
Por otro lado, el guión está estructurado a través de lo que ocurre en distintos días. Así, se podría dividir la trama en cada una de las situaciones que los protagonistas deben atravesar. Todas situaciones ejecutadas de manera experta, como dije. Pero que tampoco me ayudaron a que dramáticamente el film me aportara mucho ni fuera creciendo con el paso de los minutos. Para colmo, el único momento en que los tres hombres generan una especie de vínculo personal, lo hacen totalmente borrachos y comportándose como el típico soldado americano: jugando a darse trompadas. Para alguien que aborrece las doctrinas (religiosas o militares) este tipo de comportamientos me parecen ridículos, así que tampoco hubo afinidad por ese lado.

En fin. Sinceramente, le pongo puntuación al film porque lo tengo como costumbre, pero hace rato que me vengo replanteando esto de dar puntajes. Creo que le da al comentario un anclaje que tal vez no sea del todo ilustrativo. En este caso, con mi reseña quise dejar bien en claro las causas que llevaron a que yo no pudiera disfrutar de esta película como sus niveles de realización ameritarían. No tengo dudas que muchísima gente va a poder apreciar la adrenalina que el film tan bien transmite. Y me parece fantástico que así sea. Y ojo que yo soy uno de los primeros en defender este tipo de cine. Pero en este caso, algo me pasó. Algo me alejó. Espero que les haya quedado claro qué fue, para que cuando vean la película no se pregunten “¿Cómo mierda no le gustó a Damián este peliculón?” Simple. Esto es cine, queridos amigos. Y todos tenemos la razón.

The hurt locker se estrena en Argentina el 4 de febrero.


miércoles, 27 de enero de 2010

Invictus


Título original: Invictus (USA, 2009) / Dirección: Clint Eastwood / Elenco: Morgan Freeman, Matt Damon / Duración: 133 minutos

A esta altura discutir las capacidades y cualidades de Clint Eastwood como realizador es casi ridículo. Sus señas particulares como director de cine son tan claras que no tiene sentido criticarle sus supuestas faltas ya que son justamente ellas las que forman parte de su estilo único.
Invictus relata la forma en la que el flamante presidente Nelson Mandela intentó unificar a través del rugby a una Sudáfrica dividida. La alicaída selección nacional, conocida como Springboks, era el emblema de la Sudáfrica blanca. El deporte negro, en cambio, era el fútbol. La gente de color incluso hacía fuerza en contra de los Springboks en los partidos. Pero Mandela entendió que para lograr el seguimiento de la minoría blanca era indispensable que él demostrara su apoyo incondicional a la selección, más estando a las puertas de la copa mundial que estaba por desarrollarse justamente en su país, en 1995. Con esta actitud, Mandela buscaba también lograr que los negros siguieran su ejemplo y dejaran de lado el rencor hacia aquellos blancos que los habían oprimido tantos años. Para que este plan tuviera el mayor de los efectos, era necesario que los Springboks ganasen la competencia, algo que era bastante dudoso dado el pobre presente de la selección. Pero Mandela puso todas sus energías en contagiar su entusiasmo a los jugadores, en especial al capitán del equipo, en pos de lograr este objetivo.

Como dije, Eastwood es un director que tiene características propias muy marcadas que ya forman parte de su estilo, si bien son rasgos que más de uno podría criticarle. La simplificación de los conflictos es uno de ellos. Aquí, reduce toda la problemática sudafricana a la resolución de una contienda deportiva. Si bien la peli está basada en una historia real, parece improbable que blancos y negros llegasen a olvidar aquello que los dividiera sólo gracias al rugby. Son diferencias culturales y políticas muy grandes, y que sin dudas llevaron al derramamiento de mucha sangre, como para que se limasen tan fácilmente. La película se esfuerza en mostrar a Mandela como un ser magnánimo, que a pesar de haber sufrido años de encierro, entiende que para mirar hacia el futuro debe perdonar el pasado. Un concepto más que discutible, sin dudas. Pero uno que tal vez haya sido realmente impulsado por la naturaleza conciliadora de Mandela, aunque aquí el personaje aparezca por momentos exageradamente idealizado.
El tema de la utilización del deporte como medio de unión nacional también es digno de ser discutido. No sólo por la simplificación que implica, sino porque el deporte ha sido históricamente utilizado por los gobiernos de turno para manejar los humores del pueblo. Y si bien en este caso el objetivo es noble, no deja de ser una concepción polémica: el manejo de un juego para dirigir, o distraer, la realidad de un país.
Pero, si uno deja de lado toda la disquisición ideológica, se encontrará con los otros rasgos propios de Eastwood que lo hacen tan valioso como realizador. La forma en que Clint lleva sus películas es genial desde lo narrativo. Desde un principio sabemos hacia dónde va la historia, cuál es el conflicto principal, cuáles los intereses de cada personaje. Y en ningún momento el film se desvía de su firme andar hacia su conclusión.

Las actuaciones son todo lo buenas que uno podría esperar. Morgan Freeman le otorga a su Mandela toda la presencia, serenidad y porte a los que nos tiene acostumbrados. Es otra perfecta entrega de uno de los grandes actores de los últimos años. Matt Damon, ensanchado físicamente para este film, da una muy correcta actuación como Francois Pienaar, el capitán del equipo, quien a pesar de venir de una crianza típicamente racista, cae subyugado por la convocatoria de Mandela y se encolumnará como el símbolo de la causa impulsada por el presidente.
En conclusión, aquellos que decidan que el estilo de Eastwood es criticable (situaciones simplificadas, personajes secundarios unidimensionales, lugares comunes) tendrán aquí bastante para sentirse molestos. Por el contrario, quienes valoren la maestría narrativa de Clint, van a disfrutar de un film irreprochable en ese sentido. Digamos que yo estoy a mitad de camino… Pero, por otro lado, es difícil atacar a una película que tiene tan buenas intenciones y que busca transmitir un mensaje realmente positivo. Tal vez los medios de Eastwood no sean los ideales, pero el tipo lo hace con el corazón. Así que dejémoslo a Clint un poco tranquilo. No cualquiera sigue filmando con esta energía a los ochenta pirulos. Eso hay que valorarlo.

Invictus se estrena en Argentina el 28 de enero.


lunes, 25 de enero de 2010

Greenberg: ¿un cambio de rumbo para Ben Stiller?

Greenberg es la nueva película de Noah Baumbach, director de The squid and the whale y co-autor de The Life Aquatic, de Wes Anderson. Ben Stiller es el personaje del título, un amargado cuarentón que aun no ha encontrado un rumbo en su vida. Hablando de rumbos, sería bueno que este film marque un cambio para Stiller, quien ya hizo de pobre infeliz en comedias mediocres demasiadas veces. El trailer da esperanzas de que así sea, aunque nunca se sabe.
También actúan Rhys Ifans y Jennifer Jason Leigh (co-autora de la historia).
Tiene fecha de estreno en USA para el 26 de marzo.

jueves, 14 de enero de 2010

¿Qué pasó ayer?


Título original: The Hangover (USA, 2009) / Dirección: Todd Phillips / Elenco: Bradley Cooper, Ed Helms, Zach Galifianakis, Justin Bartha, Heather Graham, Jeffrey Tambor / Duración: 100 mins.

Una de las comedias más exitosas y sorpresivas del año que acaba de pasar, The Hangover demuestra que no siempre se necesitan millones y grandes estrellas para atraer al público. Ni siquiera premisas novedosas: cuatro amigos se van de fin de semana a Las Vegas para festejar la despedida de soltero de uno de ellos. Pero al día siguiente del reviente, se despiertan en la habitación del lujoso hotel no sólo con una gran resaca, sino con la sorpresa de que el agasajado está desaparecido. Para colmo, ninguno recuerda absolutamente nada de la ocurrido la noche anterior. En estas condiciones, saldrán a la búsqueda de su amigo perdido, con la urgencia extra de que la boda es al día siguiente.

Cuando una película relativamente chica y sin estrellas resulta un gran éxito, es obvio que el boca a boca tiene mucho que ver. Y esta comedia tuvo una gran acogida del público. Lo cierto es que es realmente graciosa, y no se queda en la mera comedia de reviente de despedida de soltero. Hay gags y situaciones muy logradas, si bien tampoco estamos ante una obra de arte de la comicidad. Todd Phillips ya había dirigido una película que a mí me gusta mucho, Old School, con Will Ferrell, Vince Vaughn y Luke Wilson; y también realizó Starsky & Hutch, con Ben Stiller y Owen Wilson; y antes de éstas, Road Trip. O sea, el tipo tiene claro para donde va su cine. Y no lo está haciendo nada mal. Si bien sus filmes podrían etiquetarse en el subgenéro de "comedia tonta", se destacan por la buena construcción de los personajes y por una tendencia a la comedia extrema, aunque sin llegar a ser vulgar. Y aplicando ciertas dosis de ingenio.
La peli me hizo acordar un poco a Después de hora, de Scorsese. No por la temática ni el estilo, sino por eso de que los protagonistas se van cruzando con toda clase de personajes en el transcurso de pocas horas. Entre esos seres se encuentra incluso Mike Tyson, quien realiza un muy buen cameo haciendo de él mismo. De los protagonistas se destaca el personaje de Alan, el cuñado del novio. Un gordito de barba que es indescifrable. Por momentos lento, por otros despistado, por otros medio degenerado. Es una especie de nene con barba. Y Bradley Cooper, el más pintón del grupo, es un actor en ascenso a quien se verá dentro de poco haciendo de Faz en la versión de cine de Brigada A. Pero como dije, aquí no hay estrellas ni grandes comediantes. Pero sí una peli simpática, graciosa e ingeniosa.

Ojo, es una película para pasar el rato. No crean que van a ver un film inolvidable. Ni siquiera una gran comedia. Si van con esa idea, van a putear. Pero para un viernes a la noche, o domingo a la tarde nublado, garpa. Y no deja resaca.


martes, 5 de enero de 2010

Brüno


Título original: Brüno (USA, 2009) / Dirección: Larry Charles / Elenco: Sacha Baron Cohen, Gustaf Hammarsten / Duración: 81 mins.

Brüno marca el regreso protagónico de Sacha Baron Cohen a la pantalla grande luego de su mega éxito Borat. Es un film aun más crudo y vulgar, pero menos gracioso y original que el anterior. Para quienes encuentren placer en el humor de trazo grueso, hay bastante para disfrutar. Aquellos que sean más delicados, mejor que se abstengan.
Cohen da vida al personaje del título, un presentador austríaco que conduce el show televisivo sobre moda más popular de los países de habla alemana (salvo Alemania). Pero debido a un desafortunado incidente en un desfile Brüno es despedido del programa, con lo que se le cierran las puertas del mundo de la moda. Entonces, decide viajar a los EEUU con el objetivo de convertirse en una celebridad. Dispuesto a todo, recurrirá a distintos métodos y personajes para buscar fama inmediata.

El estilo de Brüno es prácticamente el mismo que el de Borat. O sea, insertar al personaje en medio de situaciones incómodas buscando la reacción de las personas involucradas, todo filmado cámara en mano, a la manera de un reality show o de una cámara oculta. Hasta qué punto lo visto aquí es realmente improvisado va más allá de mi conocimiento. Lo que es indudable es que el antecedente de Borat le resta frescura a este recurso. Al igual que en aquella, Cohen se mete con grupos que son blanco fácil para la parodia o la reacción (fanáticos religiosos, homofóbicos, rednecks -sureños brutos de USA-, afroamericanos, líderes políticos de Medio Oriente, etc). O sea, busca reacciones de gente que es por naturaleza reaccionaria. Por otro lado, la historia central es muy similar a la de Borat, en especial la relación del personaje con su asistente y la eventual caída en desgracia. En definitiva, el factor sorpresa queda disminuido.

A pesar de todo, debo admitir que muchas partes de la película me resultaron muy graciosas. Como dije, en líneas generales el humor es bastante directo y vulgar (me niego a utilizar el término "políticamente incorrecto"). De hecho, creo que el mayor mérito de Cohen es el de no ponerse límites. Debe ser el cómico mainstream más radical en su propuesta (sólo se me ocurre South Park en el mismo nivel), aunque en algunos momentos su humor no parezca estar muy alejado del visto en los programas de Marcelo Tinelli. Pero por debajo de su comedia sensacionalista existe una mirada irónica y crítica de la sociedad actual, que queda algo relegada frente al impacto de algunas cosas vistas y escuchadas aquí.
En conclusión, recomiendo ver Brüno sin grandes expectativas y con las salvedades del caso. El que se rió con Borat, seguramente disfrutará esta película. Así de simple. Una hora y pico de humor (bien) guaso y un poco tonto, pero con algo de seso.