
6-El año de esta peli, un conocido director estrenó dos filmes. Nombrarlo a él y a los filmes: 20 pts.

Tiempos violentos (Pulp fiction, 1994):
Comienza con otro diálogo memorable entre delincuentes, en este caso la pareja interpretada por Tim Roth y Amanda Plummer. Los títulos que le siguen ponen en primer plano el tema "Misirlou", una vieja canción griega en la versión surfera de Dick Dale, de 1962, que quedó pegada de manera indeleble a este influyente film. Sin embargo, antes de llegar al final de los créditos, la música cambia abruptamente a "Jungle Boogie", de Kool & the Gang. Quentin nos avisaba que este sería un viaje extraño e impredescible.
Triple traición (Jackie Brown, 1997):
El tercer film de Tarantino es un excelente (y maduro) policial que rinde homenaje a los grandes policiales de los 70s, así como también al cine de blaxploitation. Esto es evidente desde su protagonista, el ícono de la belleza negra setentosa Pam Grier, y desde su notable secuencia de títulos, en la cual suena el tema de Bobby Womack, "Across 110th Street", que originalmente había sido creado para el film policial de 1972 del mismo nombre. Quentin nos demostraba que era un genio de la creación y de la reinvención.

Luego de haber despotricado sin reservas contra su último film, El sueño de Cassandra, me atacó un sentimiento de culpa. Y a la mejor manera de Gollum, la criatura de El Señor de los Anillos, mantuve un severo diálogo conmigo mismo. Entre otras cosas, mi otro yo me dijo: “¡Pedazo de hijo de puta, es de Woody Allen de quien estamos hablando!”. Y como quien vuelve repentinamente de un extraño sueño, me di cuenta de que mi misión inmediata debía ser realizar un acto de desagravio en favor del gran Woody. Por ello, me decidí a hablarles de una de mis películas favoritas suyas, Hannah y sus hermanas (1986).
Hannah y sus hermanas cuenta la historia de las tres hermanas del título y de las personas que las rodean. De sus relaciones, sus sentimientos, sus idas y venidas. Y si bien las historias están interrelacionadas, cada una de las distintas líneas argumentales tiene su peso propio. Hannah (Mia Farrow) es una dedicada madre, esposa y hermana mayor, que siempre parece poner sus intereses por detrás de los de sus seres queridos. Su esposo Elliot (Michal Caine), aburrido con su vida marital, descubre que se está enamorando de Lee (Barbara Hershey) hermana menor de Hannah. Lee, a su vez, deberá lidiar con la culpa que esta situación le genera, principalmente porque ella siente lo mismo que Elliot. Por su parte, Holly (Diane Wiest), la más problemática de las tres hermanas, lucha por asentarse profesionalmente (es aspirante a actriz) y sentimentalmente. Y por último está Mickey (Woody), ex marido de Hannah y escritor de TV, quien atraviesa una etapa de profunda crisis existencial en la que se replantea el sentido mismo de la vida.

Les recuerdo que si alguna de estas preguntas tiene más de una respuesta posible, me importa un bledo. Sólo vale la que yo pensé. Así de malito soy.
Desde los títulos (con la ya clásica tipografía de sus películas) Woody nos avisa que el tono del film no será liviano. No suena ninguna simpática melodía de jazz, sino una opresiva música clásica que preanuncia un drama. Esto ya nos retrotrae a Match Point, una película similar en tono y temática, pero superior en su factura y ejecución. Allen parece tener una obsesión con la trama policial en la que los personajes deben recurrir al crimen para mantener o mejorar su status social. Crímenes y pecados, Match Point y Scoop, de distintas maneras, incluían este aspecto. Pero Woody no le da una vuelta de tuerca al asunto, sino que cuenta más o menos la misma historia, sin tener nada nuevo que aportar.
Las actuaciones tal vez sean lo más destacable del film. Al menos McGregor y Farrell le aportan solvencia a sus personajes, lo mismo que Wilkinson en su rol de reparto. No son actuaciones brillantes, pero hacen lo que pueden con un guión que se queda a mitad de camino de todo. Los personajes son previsibles, los diálogos son trillados, y la trama se va desdibujando cada vez más, hasta llegar a un desenlace abrupto, sin sutilezas ni sorpresas, que evidencia la falta de vigor del director.
Es triste hablar así de alguien a quien admiro tanto, pero la decepción es grande, aunque no nueva. Una vez le pregunté a Alfredo Rosso, notable periodista de rock, por qué creía él que algunos artistas disminuyen su nivel cuando envejecen. Y me contestó que la edad no tiene nada que ver. Según su óptica, un artista tiene una cantidad limitada de cosas para decir. Y una vez que aportó lo suyo, es natural que tienda a reiterarse. Y a cansarse... Me da la impresión de que Woody ya aportó lo suyo. Por suerte para nosotros, fue mucho. Muchísimo. Y aquellos quienes amamos el buen cine, lo admiraremos siempre. Y deseamos, sin duda, que le quede alguna carta bajo la manga. Tal vez aun esté a tiempo de sorprendernos. Y si no lo hace, igualmente lo perdonaremos. Él se lo merece. En definitiva, querido Woody, por más que ahora estemos algo alejados, siempre tendremos Manhattan...
El sueño de Cassandra se estrena en Argentina el jueves 5 de junio.